El mundo de Albion

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Los no muertos

Cuando la guerra entre Merlín y Morgana se iba acercando a su fin, las cosas se pusieron feas. Ningún plan ingenioso o astuto engaño podía cambiar el hecho de que, con toda seguridad, Merlín iba a perder. Morgana mantenía abiertas las puertas del infierno y los demonios entraban en Albion en un torrente imparable. Por cada demonio que destruía, había otros tres listos para tomar su lugar. Lo que era peor, Merlín podía ver que las puertas se estaban extendiendo y que pronto los grandes señores de los demonios serían capaces de llegar hasta Albion.

En lugar de luchar directamente con los demonios, Merlín planeó atacar las puertas y revertir la magia de Morgana. Para conseguirlo, necesitaba un ritual de increíble poder y para alimentar este ritual necesitaba dos cosas: una batería de energía mágica, y un sacrificio de sangre. Una cantidad considerable de sangre.

Reunió a sus acólitos y les instruyó sobre lo que había que hacer, gastando mucho cuidado en no mencionar que para llevar a cabo el ritual estarían condenando sus propias almas.

Los acólitos viajaron hasta el lugar de la batalla final en donde Arturo mandó a sus caballeros contra los Campeones de Morgana. Ambos bandos tenían sus aliados: los Guardianes ayudaban a Arturo, mientras que los Demonios apoyaban a las tropas de Morgana.

A pesar de que los acólitos de Merlín eran fuertes, su poder por sí solo ni se acercaba al de sus rivales. El ritual requería la destrucción de un artefacto poderoso: Excálibur, la espada de los reyes. Excálibur era un símbolo de poder y de dominación. La espada era la mayor realización de Morgana, imbuida con su propio poder y se rumorea que con esencia demoníaca también. Al destruirla, Merlín la destruiría a ella de forma simbólica, a la vez que liberaba una enorme cantidad de energía mágica que devolvía a Albion. Y si Merlín sentía alguna culpa por traicionar a Arturo por hacerlo, no era suficiente para detenerle.

Cuando la espada fue destruida, su energía quedó atrapada por el ritual y se reutilizó con unos fines terroríficos. Una gran fisura se abrió y surgió una fría niebla, cubriendo por completo el campo de batalla y extendiéndose rápidamente por la tierra. Se desconoce la naturaleza exacta de esta niebla. Algunos teorizan con que la grieta se abrió sobre la tierra de los muertos, otros con que la niebla era el alma transformada de Merlín y otros con que un dragón se revolvió bajo la tierra y la expulsó hacia el mundo.

Lo que es sabido es que todo aquel que peleó en la batalla pereció aquel día y que las nieblas dieron muerte a miles a medida que se iban extendiendo, cazando a cada demonio y cada rastro de poder infernal que había en Albion. Cuando acabó, las puertas del infierno se habían cerrado, Morgana se vio exiliada, ¿y Merlín? No había rastro de Merlín.

Mientras la mayor parte de Albion se recuperaba bajo la atenta mirada de los Guardianes, el lugar del ritual y el campo de batalla a su alrededor no lo hacía. Algún tipo de enfermedad reinaba en esos lugares y una espesa niebla se aferró a las tierras desérticas. La gente y los animales mantuvieron sus distancias, sabiendo con toda seguridad que allí no quedaba nada bueno.

Cuando las nieblas desaparecieron, revelaron que el ritual no solo se había llevado las almas de aquellos que estaban presentes en la invocación, sino que también los había hecho pedazos, sin dejar los restos ni dentro del todo ni fuera del todo de aquellos cuerpos que habían habitado.

Extraños gritos se arrastraban en el viento cuando los viejos huesos volvieron a moverse de nuevo, chirriando dentro de sus armaduras oxidadas, mientras en algún lugar, sombras más oscuras levantaban el vuelo, controladas por un hambre que jamás se podría saciar.

Los no muertos permanecen, a modo de incómodo recuerdo del pasado de Albion. Lo único que queda es evitarlos, pero son demasiado peligrosos como para ignorarlos y demasiado horribles como para olvidarlos.

Deberíamos añadir que mientras los Cosechadores parecen atraer otros no muertos, no hay señal de ninguna mayor conexión. De hecho, la mayoría de los no muertos parecen no acordarse los unos de los otros.

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Los esqueletos

Un extenso número de aquellos muertos durante la batalla. Entre ellos hay caballeros de Arturo y algunos desafortunados que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. Algunos aún siguen pensando que están librando una guerra y combaten entre ellos sin fin ni motivo, mientras otros se arrastran sin propósito. Los más lamentables no se mueven en absoluto hasta que algo con pulso se acerca demasiado.

La mayoría de los esqueletos se mueven por un odio hacia todo aquello viviente y lo atacarán en cuanto lo vean. Sin embargo, existen algunos rumores sobre los no muertos de que mantienen algún parecido con su anterior apariencia. Las historias no se ponen de acuerdo acerca de tales desgracias; algunas los describen como trágicas figuras buscando la salvación, otros les retratan como criaturas movidas por el odio y que intentan atraer a sus simpatizantes a su condenación.
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Los cosechadores

Los acólitos de Merlín estaban en el punto álgido del ritual cuando se liberó su poder, y sus cuerpos se vieron expuestos a poderes temibles; sus mentes fueron torturadas y sus almas cambiaron de propósito. Cada uno de ellos se transformó en un Cosechador, una puerta andante al plano de los muertos.

Los Cosechadores son realmente peligrosos, no solo por su propio poder, sino por la capacidad magnética que tienen para los no muertos menores. Un toque viniendo de ellos puede ser letal, y permanecer en su presencia durante mucho tiempo puede ocasionar envejecimiento prematuro, infertilidad u ocasionar terribles miserias; se sabe que algunas víctimas se han quedado sentadas en el sitio y se han negado a ponerse en pie de nuevo.

Por fortuna, solo tienden a encontrarse en las mayores profundidades de Albion. Si su odio hacia nosotros proviene de su naturaleza no muerta o residuos de amargura por la traición de Merlín, resulta académico en varios sentidos. Si ves uno, ¡corre!
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Las sombras

Estos retazos de oscuridad vivientes se encuentran a menudo en las catacumbas en las que habitan los esqueletos.

Solo les interesa una única cosa: la vida. Cuando la encuentran, se hacen con ella. La absorben sin pensar hasta que el alma se consume. Se reúnen alrededor de no muertos con mucho poder y en gran número; sus movimientos pueden resultar frenéticos, incluso hipnóticos.