El mundo de Albion

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Discípulos de Morgana

Durante la gran guerra, Morgana usó su magia para debilitar el velo entre ambos mundos y canalizar el poder infernal de varias maneras. Lo usó para crear armas y armaduras especiales para sus caballeros, además de para invocar demonios en el mundo que cumplieran sus órdenes. Pero eso solo fue el comienzo de su trabajo. Al alcanzar su poder máximo, Morgana creó un puente entre ambos mundos, permitiendo a demonios privilegiados el libre acceso a Albion. Controlando el puente, se convirtió en la guardiana definitiva, intercambiando tiempo en nuestro mundo por favores, vinculando a cada demonio que utilizaba según su voluntad.

El ritual de Merlín lo cambió todo. Las nieblas descendieron y el puente fue destruido. Cada uno de los demonios fue expulsado de vuelta al infierno por las puertas y las fisuras del velo se cerraron. Cuando se asentó el polvo, Morgana había desaparecido, arrastrada al infierno por los mismos demonios a los que había invocado y la mayoría de sus seguidores habían sido asesinados por las energías mágicas del ritual. De hecho, el ritual les buscó, arrancando la magia infernal de sus ropas y de su propia sangre. No hace falta decir que fue una manera horrible de morir, y algunos afirman que los gritos de aquellos a los que se llevó el ritual aún resuenan en los más recónditos valles de Albion.

Solo un puñado de caballeros y sectarias sobrevivieron, los más débiles, salvados por su propia inexperiencia. Merlín, Arturo y sus caballeros desaparecieron, pero los Guardianes resistieron, y los Discípulos que quedaban sabían que no eran rivales para las tribus. Durante años, se escondieron en los rincones más recónditos de Albion, rebuscando restos de conocimiento antiguo en las ruinas de sus castillos.

Muy lentamente, empezaron a construir entre todos parte de lo perdido, mientras al otro lado del velo, los demonios estaban al acecho, listos, deseando otra oportunidad para cruzar los mundos.

Durante muchos años, sus esfuerzos fueron en vano. Los discípulos que quedaron eran una sombra empobrecida de lo que había llegado a ser antaño y las nieblas que envolvían Albion eran otra barrera más. No obstante, perseveraron, practicando las artes que conocían y experimentando en aquellas áreas que no.

Las sectarias trabajaron para minar las nieblas durante años de rituales, sacrificios y asaltos a ancestrales lugares de poder. Al principio, iban a un ritmo muy lento, pero perseveraron, hasta que al fin el poder que había erradicado el suyo durante tanto tiempo cedió. Todas las sectarias lo notaron en seguida y, cuando terminaron sus rituales, ya no se sentían vacías. Al otro lado del velo, los demonios aullaban de alegría, dado que sabían que no tardarían mucho en que los invocaran por primera vez.

Desde aquel día, los Discípulos multiplicaron sus fuerzas por diez, y las sectarias más sobresalientes lo ponían todo de su parte para emular la gloria de Morgana; sus campeones realizaban un camino distinto pero igual de oscuro.

Finalmente, se atrevieron a volver a aventurarse en Albion, enviando a sus espías. Lo que encontraron fue muy de su agrado. Habrían perdido a Morgana, pero Merlín tampoco había vuelto. El poder de Excálibur había sido destruido; ya no estaban ni Arturo ni sus caballeros. Su enemigo no tenía descendientes a los que oponerse.

Y habían llegado nuevas gentes de la mar. Un hatajo de gente rara y desesperada, codiciosa, perfectos para manipular. En consejos cerrados, los discípulos se sonreían unos a otros y empezaron a planear.

El objetivo primordial de su secta es traer a Morgana de vuelta del infierno. Sin embargo, tampoco le hacen ascos a conquistar Albion y, después, el resto del Viejo mundo.

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Los príncipes demoniacos de Morgana

Los príncipes demoniacos son el producto de los campeones más poderosos de la secta y rituales oscuros.

Su mera visión causa terror. Son más humanos que un Señor de los demonios, pero miden el doble o triple que una persona normal. Tienen una cara desfigurada por colmillos y cuernos, su cuerpo está retorcido por poder infernal y poseen alas gigantes que les salen de la espalda.

También poseen un vínculo con los planes demoníacos, siendo capaces de invocar diablillos y demonios esclavos a su lado si les place.
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Los soldados de Morgana

Un amplio grupo que abarca a todos los miembros de la facción a quienes no se le han otorgado poderes a través de energía infernal. Esto incluye a caballeros, soldados, ballesteros, sirvientes, artesanos... Todos aquellos encargados de satisfacer las necesidades básicas de la facción.

Están unidos por la creencia en la senda de Morgana, y, en la mayoría de los casos, un deseo de alcanzar el rango de sectarias o campeones. Incluso el mejor de los caballeros de Morgana palidece frente a un Campeón con poderes. Por desgracia, muy poco resultan elegidos, llevando a una actitud muy competitiva entre los Discípulos de a pie y una tendencia por parte de Sectarias y Campeones de exigir excesivos favores a cambio de su apoyo.
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Los campeones de Morgana

En el nivel más básico, los Campeones no son más que eso: los mejores guerreros de los Discípulos. Sin embargo, eso cambia en cuanto subes de rango. Para empezar, los Campeones llevan armadura encantada con magia infernal y blanden armas con un poder similar. Se desconoce qué efecto tiene esto en sus mentes a largo plazo, pero casi seguro que es totalmente perjudicial. Al igual que las sectarias, los Campeones aseguran que tienen el control sobre dichas armas y que son lo bastante fuertes como para resistir cualquier tentación que la magia intente tejer en su interior.

Llega lo suficientemente lejos en la cadena de mando y la cosa cambia. Literalmente. Antaño, en tiempos de Morgana, había un problema al usar demonios invocados como tropas. A pesar de que un demonio puede resultar muy poderoso, también es un extraño y en algún momento se verá olbigado a volver al infierno. La magia puede ampliar su tiempo en Albion, pero solo de forma temporal. La solución de Morgana fue canalizar demonios en sus seguidores. El proceso resultaba peligroso y mataría a todos menos a los más fuertes, pero en unos pocos producía resultados increíbles.

En su mayor expresión, los Campeones son conductos vivientes del poder infernal. Eso quiere decir que son más grandes, más fuertes y más difíciles de matar. Empiezan a incorporar rasgos de fuego además de los suyos propios. En algunos casos, sus manos se convierten en garras, los ojos empiezan a arder o les crecen alas de la espalda. Pero lo que ocurre va más allá de un cambio en el tamaño o la forma. Los Campeones que salen del ritual no son los mismos que los que entran. Se vuelven más arrogantes, más violentos, menos humanos. En último lugar, un Campeón puede ascender y unirse a las filas de los poderosos Príncipes demoníacos de Morgana. El título de "príncipe" se escoge adrede, ya que dichos individuos se consideran superiores a los demás discípulos y tratan con desprecio a todos aquellos fuera de la facción.

Los Campeones creen que, al igual que lideran en combate, uno de ellos debería ser nombrado líder de los discípulos. Las sectarias realizan los rituales, pero son estos últimos quienes recorren el camino. ¿Quién puede comprender a los demonios mejor que aquellos que sienten el fuego en la sangre? ¿Quién sino ellos?
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Las sectarias de Morgana

Morgana solo permitía que las mujeres se convirtieran en sectarias. No queda claro si los hombres no eran capaces de dominar su rama de la magia, o si era una preferencia de carácter personal. Fuera como fuera, dicha regla era seguida sin excepción alguna. Las sectarias son las líderes mágicas de los Discípulos. Es su poder lo que permite el contacto con los demonios, sus habilidades las cuales encantan las armaduras y armas de los Campeones y sus rituales los que infunden a unos pocos elegidos con puro poder infernal.

Las sectarias disfrutan de muchas ventajas por su relación con los demonios. Son bellas sin excepción, aunque su belleza raya en lo aterrador según la luz que le alumbre y se podría decir que el tiempo apenas deja su marca en ellas. Es cierto que no existen sectarias de avanzada edad, pero no se sabe si se debe a la inmortalidad o a los peligros de la profesión.

Mientras que las sectarias comparten metas en común, existen grandes rivalidades y una gran competitividad entre ellas. Tales rencillas se gestionan a través de una serie de enrevesadas leyes. Esto quiere decir que puede llevar años resolver un conflicto, deteniendo la guerra civil que hay dentro de la facción pero prolongando las disputas. Esto resulta un aspecto importante si uno pretende entender a los Discípulos, ya que refleja su actitud hacia todo, y concretamente que todo se puede gestionar con la disciplina adecuada.

Las sectarias están convencidas de que son las únicas que poseen el poder de traer de vuelta a Morgana y que una de ellas debería nombrarse líder suprema en su ausencia. Aunque todavía tienen que ponerse de acuerdo sobre a cuál de ellas le corresponde tal honor.