El mundo de Albion

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Los herejes

Cuando el rey decidió explotar Albion al principio, lo hizo todo lo barato que pudo. A los delincuentes que se enfrentaban a largas sentencias o que esperaban a ser ejecutados, se les daba la posibilidad de convertirse en colonos. A otros indeseables, desde aquellos con antiguos lazos de sangre con los enemigos del rey hasta aquellos nobles que habían perdido su favor se les animaba a servir en el extranjero.

Solo enviaron a hombres en la primera expedición. El rey solo esperaba que fuera una medida a corto plazo y sabía que si tal hatajo de volátiles eran capaces de echar raíces, se convertirían en un problema a largo plazo.

Durante cuatro años, los colonos consiguieron sobrevivir. Albion fue dura con ellos y se cobró un precio, ya que aprendieron qué alimentos eran comestibles y cuáles les comerían a ellos. Pronto hubo división de opiniones y el grupo se debilitó al crearse muchas sub-facciones. La más grande la lideraba un hombre llamado Gibson. Carnicero de profesión, con buena cabeza para los números, Gibson vio el lado malo del rey debido a su franca visión sobre los impuestos. Era un hombre metódico que sabía bien cómo repartir las cosas de forma justa y al que no le daba miedo hablar claro. También tenía buena mano con los cuchillos de carnicero.

A medida que los colonos prosperaron, llamaron la atención de los habitantes más peligrosos de Albion. Las vallas sencillas eran más que adecuadas para mantener a raya a los lobos hambrientos, pero cuando llegaron los Guardianes con sus gigantes la cosa cambió.

Expulsados de su propio hogar y obligados a huir hacia zonas desconocidas, solo era cuestión de tiempo el que los débiles lazos entre ellos empezaran a romperse. Sus enemigos poseían extraños poderes, volviendo a la misma tierra en su propia contra. Según se iban adentrando en Albion, se encontraron con nuevos terrores: los muertos vivientes, enormes caballeros protegidos con fuego y hierro negro y bestias salvajes salidas directamente de las leyendas.

Cuando miraban de un lado a otro pasando de berserkers blandiendo un hacha a malvadas sectarias con sus demonios devoradores de almas, sus líderes llegaron una conclusión irrefutable: Albion era un lugar de pesadillas y debía ser destruido, junto a sus habitantes.

El viejo mundo los había abandonado, así que lo quemarían todo y empezarían desde cero.

Empezaron a fabricar sus propias armas, objetos mal hechos que solo podían soportar la más débil magia de Albion. Incluso así, significaba mucho: el primer paso de un plan mucho más grande. Apoyándose en sus antiguas habilidades de supervivencia, se retiraron y enviaron espías para vigilar a los nativos de Albion.

Desde la distancia, observaron extraños ritos y rituales. Intrépidas incursiones les aseguraron cierto conocimiento sobre las demás facciones. Algunos de ellos intentaron recrear los rituales con poco éxito, otros intentaron acceder a la magia de la zona a su propia manera, sin prepararse antes, y jamás volvieron a ser los mismos. A pesar de que no podían igualar el poder de las demás facciones mágicas de Albion, tuvieron éxito al crear sus propios bastones y artefactos, y consiguieron darle poder a sus primeros magos.

El crecimiento de poder fue un reflejo de su creciente locura. Incluso el pragmático de Gibson se vio afectado. Una noche salió a dar un simple paseo; volvió un mes después, cambiado, y se autoproclamó Hereje. Poco después, se perdió todo el contacto entre la colonia y el viejo mundo.

Las Fuerzas reales expedicionarias llegaron algunos años después para encontrar que sus hombres rechazaban al Viejo mundo y se llamaban a sí mismos "herejes". La diplomacia entre ambos grupos nunca llegó a tener lugar, ya que los herejes atacaban a cualquiera con el que se topaban. Albion había llevado a los herejes a aceptar la peor parte de sí mismos y como resultado todo el mundo terminó siendo más pobre.

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Aunque compartan un título, los herejes no forman una sola facción. De hecho, es tan probable que se ataquen los unos a otros como que ataquen a los demás grupos.

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Los carroñeros

Los soldados rasos de los herejes, motivados por su necesidad de llenar la barriga. Una mezcla de pícaros, arqueros y ladrones, con armadura ligera para obtener velocidad y sigilo y favorecer el uso de armas rápidas o de largo alcance.

Desesperados en todo momento; si pueden te matarán y te lo quitarán todo. Eso si no te arrebatan todo directamente. Y si eres demasiado fuerte como para eso, saldrán huyendo.

Saben que no son rival para las demás facciones, y aumentan sus bazas mediante una combinación de tácticas furtivas, trucos rastreros y una total falta de conciencia.
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Los fanáticos

Son los herejes que se han lanzado a probar la magia de Albion de alguna forma. A lo mejor uno ha visto un ritual de guardianes y decide repetir una versión distorsionada de él. Otro a lo mejor se pasa horas experimentando con un bastón hasta que al final consigue que algo funcione.

Los herejes han tenido poco éxito por esta vía. Sus curadores pueden realizar muchas de las mismas funciones que los druidas hacen para los Guardianes, no de forma tan efectiva o con una base de poder tan grande. Sus magos son capaces de usar magia, sobre todo la piromancia, pero no entienden nada más allá de lo que hacen. A causa de ello, nunca serán tan peligrosos como las sectaria de Morgana o un mago de batalla entrenado en condiciones. Al tirarse de lleno a la magia de Albion sin entenderla, los herejes se han vuelto locos.